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terça-feira, 7 de maio de 2013

GENOCÍDIO DE ÍNDIOS NO BRASIL

Un informe “perdido” expone el genocidio de los indígenas brasileños  

25 abril 2013

© José Idoyaga/Survival



Un histórico informe que detallaba las espeluznantes atrocidades cometidas contra los indígenas de Brasil en los años 40, 50 y 60 ha vuelto a aparecer 45 años después de haber sido supuestamente “destruido” en extrañas circunstancias por un incendio.
El “Informe Figueiredo” fue un encargo del ministro del Interior en 1967 y generó una ola de indignación internacional al revelar los crímenes contra la población indígena de Brasil a manos de poderosos terratenientes y el propio Servicio de Protección Indígena (SPI) del Gobierno. El informe llevó dos años más tarde a la fundación de la organización de derechos indígenas Survival International.
El documento, de 7.000 páginas, fue recopilado por el fiscal Jader de Figueiredo Correia, y detallaba los asesinatos en masa, las torturas, la esclavitud, la guerra bacteriológica, los abusos sexuales, el robo de tierras y el descuido generalizado contra la población indígena de Brasil. Algunas tribus fueron completamente erradicadas como resultado de estas prácticas, y otras resultaron diezmadas.
El informe fue re-descubierto recientemente en el Museo del Indio de Brasil y será considerado por la Comisión Nacional para la Verdad de Brasil, que investiga las violaciones de derechos humanos que tuvieron lugar entre 1947 y 1988.
Entre los atroces ejemplos recogidos en el informe, se describe la “masacre del paralelo 11”, en la que se arrojó dinamita desde un pequeño avión sobre una comunidad de indígenas “Cinta Larga”. Treinta indígenas murieron, y solo dos sobrevivieron para contarlo.

Una pareja karajá con su bebé muerto a causa de la gripe.
Una pareja karajá con su bebé muerto a causa de la gripe.
© Jesco von Puttkamer/ IGPA archive


Otros ejemplos incluyen el envenenamiento de cientos de indígenas con azúcar mezclada con arsénico, y brutales métodos de tortura como aplastar lentamente los tobillos de las víctimas con un instrumento conocido como el “tronco”.
Las averiguaciones de Figueiredo generaron una ola de indignación internacional. En 1969, en un artículo titulado “Genocidio” que apareció en el Sunday Times británico, el cronista Norman Lewis escribió: “Desde el fuego y la espada al arsénico y las balas: la civilización ha enviado a seis millones de indígenas a la extinción”. El artículo motivó a un pequeño grupo de ciudadanos preocupados a fundar Survival International ese mismo año.
Como resultado del informe, Brasil inició una investigación judicial en la que 134 funcionarios fueron acusados de más de 1.000 crímenes. Treinta y ocho de ellos fueron despedidos, pero ninguno fue a la cárcel por las atrocidades.
El SPI fue posteriormente desmantelado y reemplazado por FUNAI, la Fundación Nacional del Indio de Brasil. Sin embargo, a pesar de que largos tractos de tierra indígena han sido desde entonces demarcados y protegidos, los pueblos indígenas de Brasil continúan luchando frente a la invasión y la destrucción de sus tierras por los madereros, ganaderos y colonos ilegales, y la pérdida de tierras debido al agresivo programa de crecimiento del Gobierno, que planea construir decenas de grandes presas hidroeléctricas y abrir sus territorios a la minería a gran escala.
El director de Survival International, Stephen Corry, ha declarado hoy: “El informe Figueiredo es una lectura desagradable, pero, a pesar de ello, nada ha cambiado: cuando se trata del asesinato de indígenas, sigue reinando la impunidad. Los pistoleros continúan asesinando a indígenas rutinariamente, a sabiendas de que hay poco riesgo de acabar en los tribunales; ninguno de los asesinos responsables de matar a tiros a líderes guaraníes y makuxíes ha sido encarcelado por sus crímenes. Es difícil no sospechar que el racismo y la avaricia son la raíz del fracaso de Brasil a la hora de defender las vidas de sus ciudadanos indígenas”.

Disponibles para descarga las siguientes imágenes:
Un chamán umutima en 1957. En 1969 la mayor parte de los umutimas había sido aniquilada por una epidemia de gripe.Un chamán umutima en 1957. En 1969 la mayor parte de los umutimas había sido aniquilada por una epidemia de gripe.
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Crédito: © José Idoyaga/Survival
 
Las atrocidades cometidas contra los Cinta Larga se detallan en el Informe Figueiredo. Después de disparar a su bebé, los asesinos cortaron a la mujer por la mitad.Las atrocidades cometidas contra los Cinta Larga se detallan en el Informe Figueiredo. Después de disparar a su bebé, los asesinos cortaron a la mujer por la mitad.
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Crédito: © Survival
 
Una pareja karajá con su bebé muerto, como consecuencia de la gripe.Una pareja karajá con su bebé muerto, como consecuencia de la gripe.
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Crédito: © Jesco von Puttkamer/ IGPA archive
 
 

http://www.survival.es/noticias/9193

quarta-feira, 27 de março de 2013

Malraux y la memoria del presente por Manuel Fernádez-Cuesta



“Frente a lo desconocido, algunos sueños nuestros
no tienen menos significado que nuestros recuerdos”
André Malraux, Antimemorias (1967)
Es complejo vivir, en el espacio social de la democracia, sin el armazón estructural del pasado. Sin conocer los lazos que nos unen con el suelo que pisamos, sin las leyendas que riegan nuestro tejido cultural. La memoria individual (recuerdos y sensaciones) y la memoria histórica (reconocimiento y asunción de lo ocurrido) componen la red simbólica de nuestro presente. Sociedades, como la nuestra, que desconocen su Historia reciente -amputada hace años de la educación pública, negada por las instituciones-, carecen del sentido del tiempo, ignoran su identidad y están a merced de narraciones falsificadas, ideologemas convertidos en dogmas: el discurso único de la razón (instrumental) de estado. Ante el caos de las ficciones paralelas, contradictorias, carentes de sustrato real, alimentadas por la subjetividad, frente a la impostura del huracán de la novedad, se alza la Historia común, un valor superior, incluso, al propio interés común: “la tradición no se hereda, se conquista”, escribió Malraux.
Nacido para la acción y la recreación de la memoria, André Malraux (1901-1976), sincopado enfermo de Tourette, aventurero en Oriente y África, escritor dotado para las metáforas imposibles y las comparaciones inauditas, Premio Goncourt 1933 por La condición humana, resistente y Ministro de Cultura (1958-1969) del general De Gaulle, reposa, esencia de la grandeur, en el Panteón de París, corazón moral e intelectual del Barrio Latino. Escoltado, entre otros, por Rousseau, Voltaire, Zola, Hugo y Dumas, una detenida mirada a su obra permite, hoy, cuando los mitos modernos son anuncios publicitarios y la reflexión ha sido sustituida por la banalidad del yo, una mirada consciente sobre la memoria del presente: la herramienta más eficaz, quizá la única, contra la barbarie neoliberal.
Toda lectura del pasado, todo recuerdo común, es una necesaria ficción sustentada sobre la trágica tozudez de unos datos objetivos, historiográficos, irrefutables, que nos impide mentir. El conocimiento interiorizado de la guerra y posguerra de España, de la represión, del entramado corrupto y sanguinario del régimen nacional-católico, de las luces y sombras de la Transición, es el salvoconducto que la sociedad democrática requiere para acceder al instante constitutivo (y constituyente) de lo común. Sin memoria colectiva, no hay comunidad. Y sin comunidad no existe la posibilidad de articular alternativas concretas al huracán destructor de la mercantilización. Malraux, durante la guerra de España, lírico antifascista, guerrera de cuero, boina de medio lado, combatió con una escuadrilla aérea organizada por él, que no era piloto, ni mecánico, siendo nombrado por el Gobierno teniente coronel.
Ante la rígida disciplina de las Brigadas Internacionales (André Marty y Palmiro Togliatti al mando en Albacete), se negó a recibir órdenes que no provinieran del general Hidalgo de Cisneros, jefe de la Aviación republicana. Filocomunista, Coronel Berger en la Brigada Alsacia-Lorena, gaullista, fascinado por Mao, embajador plenipotenciario de la cultura francesa en el mundo, ladrón y falsificador, en su juventud, de obras de arte en Asia, soñador en Tombuctú, tras las huellas de la Reina de Saba: era un joven gauchiste de espíritu libre. Ante preguntas hostiles sobre su pasado reinventado hubiera respondido: Papá está en viaje de negocios. Malraux sabe que la memoria de las gestas, de las acciones heroicas, el asalto a la tradición conservadora, es la mejor contribución a la estabilidad y riqueza de las naciones: su lógica de progreso. Su último error (cometió, sin duda, más de uno), fue, quizá por edad o hastío, por falta de visión estratégica, no ponerse al frente -una vuelta de tuerca más- de las reivindicaciones de Mayo 68. El error del gaullismo social: su suicidio político. Un personal canto del cisne, la otra ceremonia del adiós, de un vanguardista que no supo ver el fin de su época.
Malraux escribía libros, artículos, daba conferencias, viajaba por el mundo envuelto en la gloria revolucionaria de la tricolor y, en nombre del General, vivía, noche y día, insomne de tabaco y conversación, como si fuera el último. Inventaba, exageraba; hacía más grande lo hermoso, significativo lo anecdótico y elevaba a categoría de teoría estética una mirada o una puesta de sol sentado, pitillo en mano, en las escaleras de un templo camboyano o en la serranía de Málaga, disfrazado de ceniza y guerrilla. Como dijo en la oración fúnebre con motivo del traslado de Jean Moulin al Panteón, 1964: “la Resistencia se ha convertido en un universo de limbos en que la leyenda se mezcla con la organización.” Malraux, un desapacible 19 de diciembre, ante las autoridades y el pueblo resistente, se alza como conciencia audaz, cívica, de la República, de cualquier república de ciudadanos libres con memoria.
La obra de Malraux, anclada en el tiempo es, sin embargo, un periplo por la modernidad crítica, un ejemplo de cómo escribir el siglo en el siglo, dentro de él, sin caer en un historicismo de cartón ni en impostadas versiones edulcoradas de los hechos. Escribir es combatir la amnesia, un instrumento de combate. Malraux miente, fabula, porque sabe que la mentira forma parte de la historia de la tradición. Y miente, escritor y político, porque sabe que en el reverso de las cosas se haya la otra parte de cualquier verdad. En este sentido, la lectura de La esperanza (Gallimard, 1937, varias ediciones en castellano), novela consagrada a su participación en la guerra de España, ilustra, mejor que cualquier análisis, la esencia dramática que supone, para Malraux, la escritura del presente. Huye de las formas convencionales, torrente semántico, sintaxis de ametralladora, para enmarcar los símbolos como eje lógico de toda construcción literaria, humana, política. “Malraux actuó con pasión”, recuerda Olivier Todd en su monumental biografía (Tusquets, 2002), del ronco y profético escritor.
La invención de la memoria colectiva es un “apocalipsis de fraternidad” o no es nada. Malraux, aturdido por la fiebre revolucionaria de Saint-Just, imaginaba la memoria común como el conjunto de elementos históricos -un engranaje impregnado de verdad- de una sociedad en un tiempo concreto. La memoria de España, de sus pluralidades, es la ilusión dormida de un tiempo consumido, le temps de cerises; una juventud destrozada, atada a la pata de una silla de un colegio religioso por ser zurda.
El 16 de marzo de 1943, André Gide, mandarín de la cultura europea, que había leído con admiración tres obras de Dashiell Hammet, Cosecha rojaEl halcón maltés El hombre delgado, anota en su diario que Malraux le había recomendado “calurosamente” la lectura de La llave de cristal. Otro ejemplo, uno más, de la necesidad humana, literaria y política, de articular la memoria del presente. Esa llave de cristal que debería abrir el cofre de las ideas comunes y cerrar, para siempre, el baúl del interesado olvido.
Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/Malraux-memoria-presente_6_112748750.html

terça-feira, 19 de março de 2013

LAMPIÃO EM GAME


Segunda, 18 de Março de 2013 - 16:20

Empresa baiana homenageia Lampião em game tipicamente nordestino

por Carol Prado
Empresa baiana homenageia Lampião em game tipicamente nordestino
Foto: Divulgação
Foi-se o tempo em que os joguinhos eletrônicos eram terrenos exclusivos de guerreiros medievais, robôs intergaláticos e outros personagens bem distantes da realidade de carne e osso. Sem negar suas origens, a empresa baiana de tecnologia Soterotech decidiu levar figuras típicas do hiperrealista sertão nordestino ao mundo dos bits. Um cangaceiro, um calango e um carcará dão o tom do jogo “Cangaceiro de Badogue”, apresentado neste sábado (16) e domingo (17) durante o Gamepólitan, evento que transformou o Centro de Convenções da Bahia em um verdadeiro parque de diversões digitais. 

Fotos: Carol Prado / Bahia Notícias

O game narra a história de Lino, um destemido personagem inspirado no histórico Lampião, que, depois de ver sua amada raptada por um maléfico carcará, luta contra todos os obstáculos para recuperá-la, sempre acompanhado de seu poderoso badogue. “A ideia surgiu em 2009, antes mesmo do nascimento da empresa, em um grupo de jogadores. Hoje, todos os produtos que a gente desenvolve têm traços dessa cultura regional, que é muito rica e pouco explorada”, explicou Diego de Potapczuk, um dos diretores da Soterotech. Segundo ele, o software desenvolvido para tablets e smartphones ainda está em fase de testes e deve chegar ao mercado no segundo semestre deste ano, quando poderá ser baixado, no mundo todo, através da Apple Store e Google Play, lojas de aplicativos da Apple e Android, respectivamente. “Queremos fazer um lançamento global e levar a cultura nordestina pro mundo inteiro através do game”, almejou, em entrevista ao Bahia Notícias. As expectativas da empresa são boas, principalmente depois do sucesso de Lino no Centro de Convenções. O administrador de empresas, Vítor Carneiro, por exemplo, acompanhava o filho gamer e não tirava os olhos das aventuras do cangaceiro. “Isso é ótimo para tirar um pouco a criançada da linha de jogos japoneses e reforçar nossa cultura regional”, opinou.

Com seu Cangaceiro de Badogue, a Soterotech representa apenas uma das várias experiências do promissor mercado baiano da criação gráfica. De acordo com Ricardo Silva, organizador do Gamepólitan, é notável o crescimento do número de desenvolvedores independentes de jogos no estado. “Ainda temos pouquíssimas empresas de tecnologia consolidadas, mas os criadores estão se empenhando na criação de grupos independentes para colocar em prática seus projetos. O governo também tem dado um apoio muito grande a esse mercado, até para possibilitar a exportação dos jogos brasileiros para o mundo todo através de meios online”, afirmou. Muitos dos profissionais do entretenimento digital estão na Saga, única escola de artes, jogos e animação da Bahia, que recebe, em média, 1,5 mil alunos interessados em ingressar no setor por ano. “O mercado está crescendo, de fato, e a tendência é melhorar cada vez mais. A própria realização de eventos como o Gamepólitan já ajuda bastante porque promove o encontro dos desenvolvedores e possibilita a parceria com empresas”, elogiou Oswaldo Peixoto, gerente geral da empresa. Por tudo isso, pequenos empreendedores em potencial, como João Pedro Bittencourt, só têm o que comemorar. O menino de 11 anos passa cerca de três horas por dia em frente ao PC, mas com uma boa desculpa para livrar-se da bronca dos pais: “Quero jogar bastante para me tornar um criador de jogos no futuro”, esquivou-se. 

FONTE: http://www.bahianoticias.com.br/mercado/noticia/8904-empresa-baiana-homenageia-lampiao-em-game-tipicamente-nordestino.html

sexta-feira, 15 de março de 2013

Literatura e sociedade


Entre a literatura e as ciências sociais

Rafael da Rocha Massuia - Dezembro 2012
 
 

Leonel, Maria Célia e Segatto, José Antonio. Ficção e ensaio: literatura e história no Brasil. São Carlos: EdUFSCar, 2012.
As complexas e intricadas relações entre ciência e arte, história e literatura, dão corpo a diversos trabalhos importantes, entre os quais se destaca a obra A peculiaridade do estético, de autoria do filósofo marxista húngaro György Lukács. O receituário clássico propõe uma diferenciação entre as duas modalidades cognitivas, uma demarcação necessária para que suas especificidades sejam respeitadas, em tempos em que a pós-modernidade projeta-se como discurso hegemônico na Academia, essa fronteira passa a ser energicamente questionada, deixando a questão que levantamos em uma posição desfavorável. Ora, se atualmente a própria realidade do mundo é questionada, o que poderá ser dito da — agora mais frágil que nunca — divisão entre ciência e arte? José Antonio Segatto e Maria Célia Leonel, os autores de Ficção e ensaio, parecem insistir nessa “antiquada e “ultrapassada” demarcação entre os dois campos de conhecimento.
E além disso, procuram fazê-lo não através de intermináveis (ainda que por vezes necessária) discussões de cunho gnosiológico sobre as peculiaridades de cada forma de conhecimento, mas na colocação dessas questões em tela, na genuína práxis investigativa, flagrando as diferenças das formas cognitivas no ato de suas reflexões. Cabe assinalar ainda que, pela modalidade analítica dialética que adotam, conseguem evitar, em suas análises das obras de ficção, tanto um historicismo reducionista (que reduz a obra ao seu contexto) quanto um formalismo abstrato (que vê a literatura como um fenômeno autotélico).
Mobilizando uma quantidade invejável, não só quantitativamente como, sobretudo, qualitativamente, de cientistas e literatos, os autores nos convidam a um passeio pela história e pela cultura de nosso país, passando de Machado de Assis a Guimarães Rosa, culminando em escritores contemporâneos, sempre a partir de uma fina e rebuscada lente analítica, e sempre com a preocupação da manutenção de um constante e acurado diálogo com os principais intérpretes de nossa sociedade e cultura — que se pense não só no apoio recorrente a nomes como Antonio Candido, Roberto Schwarz, Luiz Costa Lima, Alfredo Bosi, Leandro Konder e Carlos Nelson Coutinho, como nos questionamentos recorrentes, para além de certos argumentos questionáveis destes autores.
O primeiro ensaio, “Política e sociedade: versões do conselheiro”, resgata um período relativamente pouco abordado da obra de Machado de Assis, assim como retoma o antigo debate sobre o posicionamento político do escritor carioca. O hábito da crítica em considerar nosso grande escritor como defasado politicamente é derrubado. Através da investigação sobre a natureza do narrador das obras em escopo, os autores demonstram como, mesmo em obras em que o conteúdo político é desconsiderado, como o Memorial de Aires e Esaú e Jacó, valendo-se de sua sútil ironia habitual, Machado recria em linhas gerais a configuração sociopolítica da sociedade brasileira, inclusive realizando pesadas críticas ao fenômeno social da escravidão (acresce que alguns críticos dizem não perceber um posicionamento crítico de Machado em relação ao fenômeno. Concluem os autores, reconhecendo o mérito estético das obras machadianas: “Portanto, nos dois romances, nem a história é apenas ilustração da ficção, nem simples pano de fundo do cenário narrativa, nem a ficção é mero recurso instrumental para leitura e compreensão da história brasileira” (p. 36).
Nos textos que se seguem, do segundo ao quinto ensaio da coletânea, podemos acompanhar uma focalização extensiva e intensiva da obra de Guimarães Rosa, analisada sob diversos ângulos e possibilidades analíticas. No segundo texto da coletânea, aquele que dá nome ao livro, os autores retomam a antiga polêmica em torno de Os sertões de Euclides da Cunha, e — numa moda mais recente — Grande sertão: veredas; ocorre que diversos estudiosos têm proposto que as duas obras pertenceriam a um gênero misto ou híbrido, transitando entre a ficção e o ensaio (para não mencionar aqueles que insistem em considerar o ensaio de orientação sociológica sobre a guerra de Canudos como um romance, ou a obra-prima ficcional de Guimarães Rosa como um ensaio sobre o Brasil). Problematizando com essas posições, os autores realizam um minucioso debate com as mais variadas tendências que, da publicação das obras até os dias hoje, predominaram ou predominam na interpretação de tais obras. Numa defesa da especificidade da ciência e da arte, concluem os autores que
[…] a literatura — como a história — consegue desvendar e iluminar aspectos muitas vezes velados da realidade. Isso quer dizer que, mesmo com linguagem e formas (artística e científica) distintas, ambas têm uma função cognitiva fundamental […]. A existência de similitudes ou elementos comuns entre a ficção e a realidade, entre a compreensão e a invenção não permite a inversão das peculiaridades das duas obras (p. 55; 58).
O terceiro texto do livro, “Sertão: tudo política, e potentes chefias”, tem como temática a dimensão sociopolítica que permeia a figuração do “sistema jagunço” em Grande sertão: veredas. Diferenciando a figura do jagunço do bandido comum, os estudiosos da obra rosiana; mas, se por um lado, é ressalvada uma conduta diferenciada por parte do jagunço, fundamentada por uma espécie de código de guerra, por outro o resultado de suas ações se resume à perpetuação de atos violentos, à mando dos coronéis latifundiários. Se essas relações de poder explicam muito do Brasil, sobretudo entre 1880 e 1930, após esse período opera-se um movimento mais direto rumo à modernização e urbanização das camadas sociais locais, o que pouco colaborou para uma diminuição das profundas desigualdades sociais ora vigentes: “O sertão foi progressivamente incorporado e, ao mesmo tempo, invadido pela modernidade — migrou para as cidades, urbanizou-se, foi integrado pelo capitalismo e pela nação” (p. 73).
Em “Alegoria e política no sertão rosiano” a temática é, como o título sugere, a discussão sobre as interpretações que concebem a magnum opus de Guimarães Rosa como uma representação alegórica do Brasil. Retomando o conceito de alegoria do alemão Walter Benjamin, alguns pensadores locais, como Luís Roncari, Willi Bolle e Heloisa Starling, buscam identificar a obra literária rosiana com algumas das principais obras de pensadores do Brasil. Retomando a defesa da especificidade da arte literária, os autores levantam o seguinte questionamento: “Não seria uma tentativa de atribuir a Guimarães Rosa uma visão de mundo (crítica ou conservadora) que pode não ter similitude em sua obra?” (p. 93). Retomando os escritos de Marx sobre Balzac e de Adorno sobre Kafka, os autores nos lembram que os grandes artistas, enquanto artistas, podem — e, quando realmente grandes, o fazem com agradável frequência — descobrir aspectos ainda não completamente maduros da realidade social e que, portanto, ainda não puderam servir de matéria para obras de cunho científico; daí reside o caráter “antecipador” que Marx viu em alguns dos personagens de A comédia humana, ou do poder “profético” que Adorno percebeu na obra kafkiana, e o que, por certo, também pode ser encontrado na grande obra do escritor mineiro, desde que o escopo analítico do crítico não transcenda a obra analisada.
O quinto e último texto da sequência dedicada à Guimarães Rosa, “O regional e o universal na representação das relações sociais”, realiza uma discussão sobre a questão do regionalismo. Inicialmente vinculado ao Romantismo, o regionalismo identifica-se com uma posição sociopolítica bastante específica, de cunho ideológico marcado. É somente de 1930 em diante, segundo Antonio Candido, que alguns escritores locais conseguem, a partir de temáticas regionalistas, produzir literatura de alta qualidade. Em relação à obra rosiana, se em Magma (1936) o escritor alcança, em sua produção artística, uma totalização da dimensão nacional, em Sagarana (1946) ocorre um movimento similar, mas que se opera na direção de nacional-regionalismo; a ascensão do valor estética obra rosiana ao universal, que culmina em Grande sertão: veredas (1956), no entanto, já é observada pelos autores em “A hora e a vez de Augusto Matraga” (a fase universal de Rosa, apontam os autores, possui ainda a característica da retomada da veia metafísica já apresentada em alguns dos seus primeiros contos). A despeito da crescente dificuldade em falar-se uma literatura regionalista atualmente, os autores finalizam o texto buscando analisar comparativamente Livro dos homens (2005), de Ronaldo Correia de Brito, eTumameia (1967), do próprio Guimarães Rosa. A violência, observam, é fator recorrente e temática central das suas obras, o que ocorre em decorrência da não alteração das condições regionais, de profunda desigualdade social, do sertão.
No sexto texto, “Refiguração do tempo histórico pela ficção”, valendo-se do romance Leite Derramado (2009), de Chico Buarque, os autores realizam uma reflexão sobre a internalização das noções de tempo e espaço nas obras romanescas. Para tal, apoiam-se em alguns teóricos da literatura como Mendilow, Genette e, sobretudo, Mikhail Bakhtin. Para o teórico russo, tempo e espaço formam uma unidade indissolúvel, cuja finalidade é abarcar a essencialidade do real de dado período histórico, uma condensação dessa temporalidade sócio-histórica no espaço. O que se segue do ensaio, a análise do romance de Chico Buarque, confirma as considerações de Bakhtin anteriormente aludidas, pois, segundo os autores, o músico-escritor, em sua obra “[…] refaz a saga histórica da decadência inevitável de uma categoria social (fração da classe dominante), personificada na família Assumpção, com seus valores éticos e culturais, suas concepções de mundo e seu comportamento — estiliza, enfim, sua dissolução social e moral” (p. 141).
Duas recentes obras da literatura brasileira, Heranças (2008) e Eu vos abraço, milhões(2010), de Silviano Santiago e Moacyr Scliar, respectivamente, são trazidas à discussão no penúltimo texto, “Autobiografia de personagem de ficção”. Tomadas sobretudo em suas composições estruturais, as obras são contrapostas às considerações de G. Lukács, no seu famoso ensaio “Narrar ou descrever?”. A partir do filósofo húngaro, os autores buscam identificar uma predominância de elementos descritivos nas obras analisadas, o que acarretaria numa diminuição dos seus valores estéticos. Ainda que díspares, e até mesmo opostas, as propostas dos dois livros se aproximam no que diz respeito a existência de uma regressão autocrítica nas vidas dos protagonistas, mas que, em ambas, não superam a literatura de tese.
Por fim, no texto que fecha a coletânea, “Formação da literatura e constituição do Estado nacional”, os autores resgatam a principal obra de nossa historiografia literária, Formação da literatura brasileira (1959), de Antonio Candido. Num cenário de referenciais teóricos de corte positivista e evolucionista, importados da Europa pelos nossos principais teóricos da literatura de então, a obra de Candido destaca-se de maneira consensual; sem romper totalmente com a tradição existente (sobretudo com dívida reconhecida com Sílvio Romero), o teórico busca acompanhar os momentos decisivos que contribuíram para a formação entre nós de um sistema literário. É somente com Machado de Assis que este sistema se veria completo, em função da universalidade ímpar de sua obra literária, que alcançaria de uma vez por todas o patamar da universalidade ficcional. No entanto, apontam os autores, haveria nessa tese um problema cronológico, pois dessa forma teríamos uma literatura que antecederia a formação de uma nação brasileira, ao que se perguntam. Ainda que, como ocorrido nos casos alemão e italiano, ser perfeitamente possível essa inversão aparentemente paradoxal, o que se observa em comum é a existência de unidades comuns entre os povos (língua, cultura, etc.), o que não se observava no caso brasileiro.
A unidade acabou sendo imposta de cima e pela força. O único elemento de consenso entre os grupos dominantes das diferentes regiões foi a manutenção da escravatura e do tráfico de escravos. […] Nesse processo de criação da nação, a elite dominante, amparada pelo Estado imperial, elaborou uma política cultural extremamente arrojada, tendo como pilar a elaboração da cultura brasileira, ancorada, sobretudo, no forjamento da literatura e na concepção da história (p. 176).
Segundo os autores, e em discordância à proposta teórica de Candido, o processo de formação da literatura brasileira não se encerra em Machado, ainda que o autor deMemórias póstumas de Brás Cubas tenha dado grande impulso nessa direção. É somente com Grande sertão: veredas, de Guimarães Rosa, no arco compreendido entre 1881 e 1956, que o importante processo iniciado por Machado ganha conclusão. Assim como, no campo da historiografia literária, foi necessário o tempo de maturação de 1888, com História da literatura brasileira, de Sílvio Romero, até 1956, com a Formação da literatura brasileira, de Antonio Candido, para que a nossa literatura ganhasse, em registro teórico, uma fundamentação sólida e coesa.
Em tempos de valorização de um saber cada vez mais especializado, os textos que compõem Ficção e ensaio vêm para provar que outra via ainda é possível. Frutos de investigações profundas e instigantes, ancoradas num saber clássico, eles nos convidam à reflexão sobre as grandes questões de nossa literatura e de nosso processo histórico. Movendo-se com desenvoltura entre uma dimensão e outra, sem nunca perder de vistas as suas especificidades, os autores vão além do usual: valendo-se de uma abordagem harmonicamente transdisciplinar, que, orientada dialeticamente, nos oferecem abordagens e enfoques únicos.
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Rafael da Rocha Massuia é mestrando junto ao Programa de Pós-Graduação em Ciências Sociais da FCL/Unesp, campus Araraquara.


Fonte: Especial para Gramsci e o Brasil

quarta-feira, 20 de fevereiro de 2013

PALESTRA DE ABERTURA DO CURSO DE EXTENSÃO


SERGIPE NA FITA: CINEMA, LITERATURA E HISTÓRIA

Prof. Dr. Antônio Fernando de Araújo Sá
Departamento de História
Universidade Federal de Sergipe

Criado, em 1997, pelos professores Antônio Fernando de Araújo Sá e José Maria de Oliveira Silva, o Grupo de Pesquisa História Popular do Nordeste (UFS/CNPq) tem por projeto intelectual estabelecer discussão interdisciplinar com o objetivo de produzir leituras originais das realidades nordestina e sergipana. Além da publicação da revista eletrônica Ponta de Lança: História, Memória e Cultura, nossa proposta de socializar os estudos desenvolvidos por seus pesquisadores tem se materializado nos vários cursos de extensão realizados nos últimos quinze anos de nossa existência.
Com SERGIPE NA FITA: CINEMA, LITERATURA E HISTÓRIA, propomos criar um fórum entre diretores de cinema e vídeo sergipanos e a reflexão acadêmica sobre seus trabalhos, objetivando pensar os nexos entre cinema, literatura e história a partir das representações sobre a sergipanidade. A preocupação é discutir os limites e as possibilidades dessa produção audiovisual em sua resistência cultural de realizar filmes fora e, ao mesmo tempo, em diálogo com os eixos culturais hegemônicos.
Nesse curso convergem dois tópicos de pesquisa que têm sido objeto de reflexão dos pesquisadores vinculados ao grupo. De um lado, o diálogo entre cinema e literatura em que se busca estabelecer o modo como o discurso cinematográfico “transcria” a linguagem literária em imagens e sons, numa tradução criadora. De outro, as relações entre cinema e história têm marcado nossa preocupação didático-pedagógica nos cursos ministrados no Departamento de História, especialmente na disciplina Temas de História do Brasil Contemporâneo. Ambos os tópicos têm em comum a interlocução com a noção de memória, na medida em que as produções literária e cinematográfica, ao veicularem memórias de diferentes comunidades, povos e nações, possibilitam problematizar as identidades.
Entendemos aqui “identidade” não em função da diferença, mas como um dado concreto cultural e em contínua “prática” da diferença, pois, apesar do processo de identificação ser simbólico e imaginário, a identidade é uma realidade, porque sem ela nenhuma ação coletiva é possível.
Memória e identidade são indissociáveis. A memória participa da construção da identidade, mas também, por conta da sua seletividade, molda aquilo que deve ser lembrado e esquecido pelo indivíduo e sociedade. Contudo, as memórias e as identidades não são coisas fixas, mas representações ou construções da realidade, um fenômeno subjetivo ao invés de objetivo. Desse modo, as noções de construção, seleção, de registro, de significado, de criação e de consciência subjetiva fazem parte do relacionamento entre memória e identidade, revelando uma dimensão eminentemente dinâmica em que há um esforço não só de seleção, mas de reinterpretação sucessiva do passado.
Como a memória também é produzida pela mediação da cultura, entendemos que os objetos culturais, como filmes e livros, são operadores da memória social, isto é, constituem-se, ao mesmo tempo, em documentos históricos e monumentos de recordação.
Infelizmente, a memória visual em Sergipe não tem encontrado devido respaldo nas instituições culturais públicas ou privadas, demonstrado na impossibilidade de se consultar, por exemplo, todos os filmes vencedores do Festival Nacional do Cinema Amador (1972-1982), realizado durante o Festival de Arte de São Cristóvão, ou ainda do CANAL FASC nos seus dois certames no início dos anos 1990. Talvez a criação do Museu da Imagem e do Som possa criar um ambiente favorável para que a memória cultural seja acessível às novas gerações em Sergipe.
Nossa escolha dos filmes pautou-se na pluralidade e diversidade de temas relativos à identidade sergipana, mesclando elementos simbólicos do universo rural como o sertão em Sargento Getúlio, de Hermano Penna, Nação Lascada de Véio: A Glória do Sertão, de Ribeiro Filho ou A última semana de Lampião, de Ilma Fontes, mas também do mundo urbano em sua complexidade social, como Meninos Marcados para Morrer, de Caio Amado, ou Caixa d’Água: Quilombo é esse?, de Everlane Morais.

O curso de extensão, portanto, ao mesmo tempo em que cumpre o papel de difusão social do conhecimento universitário sobre a história cultural de Sergipe, busca, com a divulgação dos filmes em circuitos universitários, colaborar para a criação de um público que defenda a autonomia da cultura regional em tempos de globalização.